Significado y Definición de Causalidad

La causalidad es el agente que vincula dos casos, uno de causa y otro de efecto, entendiéndose que el primero es responsable, al menos en parte, de la existencia del segundo, de modo que el segundo depende del primero. Se dice “en parte” porque un efecto puede tener más de una causa en su pasado.

Se trata de una relación continua y reproducible, ya que un efecto puede convertirse en la causa de otros efectos de la misma manera que la causa de un efecto puede ser en sí misma el efecto de un proceso causal anterior.

La causalidad es una abstracción que indica cómo progresa el mundo, un concepto tan fundamental que se califica más apropiadamente como una explicación de otros conceptos de progresión que como algo a ser explicado por otros conceptos más básicos, la causalidad es una normalmente aceptada como un principio.

Por ser tan fundamental, puede ser necesario un salto de intuición para comprender la causalidad, al analizar el progreso de los acontecimientos, observando su eficacia.

Debido a esto, la explicación de la causalidad se construye en la estructura conceptual del lenguaje cotidiano.

Aunque es un tema en pleno uso y discusión en la filosofía contemporánea, el concepto de causalidad está presente en la filosofía desde Aristóteles. En la filosofía aristotélica, la palabra “causa” se utiliza también como significado de “explicación” o “respuesta a una pregunta”, más particularmente las preguntas que comienzan con “por qué”, por lo tanto, las que necesariamente exigen una explicación.

Aristóteles advierte que la incapacidad de reconocer qué diferentes tipos de “causa” se están considerando en una explicación o discusión puede conducir a un debate inútil y, por lo tanto, determina cuatro tipos de causa: material, formal, eficiente y final. De esta manera, establece la “causa” como el contenido fundamental de la explicación.

Este enfoque da lugar a numerosos debates, especialmente en el campo de la metafísica.

El enfoque determinista defiende una visión de nuestro universo en la que su historia se presenta como una progresión de acontecimientos, seguidos uno tras otro por una sucesión de causas y efectos. Este enfoque tiene dos vertientes, la Compatibilista y la Incompatibilista.

La versión incompatibilista defiende que no hay libre albedrío (libre elección), porque todo lo que nos sucede está determinado por causas previas. El punto de vista compatibilista, como su nombre indica, supone que el libre albedrío es compatible con un universo causal, siendo que la causa y el efecto pueden incluso ser necesarios para la existencia del libre albedrío.

Otra pregunta clásica se refiere a la forma en que las causas y los efectos pueden ser diferentes tipos de entidades. El ejemplo más común es la explicación de la causa eficiente, tal como la presentó Aristóteles. Según el filósofo griego, una acción puede ser una causa, mientras que un objeto duradero dependiente de esta acción es el efecto de esta causa.

En la explicación de Aristóteles, las acciones de los padres de una persona pueden considerarse la causa eficiente de la existencia de esa persona. Así, la persona, como objeto duradero, que la tradición filosófica llama “sustancia”, será el efecto.

Otro punto de vista sobre esta misma cuestión es que aborda la causa y el efecto como el mismo tipo de entidad, pero con una relación asimétrica (desigual) entre ellos.

Gramaticalmente hablando, tendría sentido decir que “A es la causa y B el efecto” o “B es la causa y A el efecto”, sin embargo sólo una de estas afirmaciones podría ser cierta. A y B serían el mismo tipo de entidad, pero puesta en una relación asimétrica.

La naturaleza exacta de estas entidades no se definiría de forma estricta, sino que funcionarían como “estados de cosas” (situaciones) o “procesos” en un evento.

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