Significado y Definición de Cinismo

El cinismo fue una escuela filosófica griega creada por Antístenes, un seguidor de Sócrates, alrededor del 400 A.C., pero su nombre más prominente fue Diógenes de Sinope.

Estos filósofos despreciaban los pactos sociales, defendían el desprendimiento de los bienes materiales y la existencia nómada que llevaban.

El origen de esta expresión es un tanto controvertido, ya que algunos investigadores creen que proviene del Gimnasio Cinosargo, el espacio en el que Antístenes habría construido su Escuela, mientras que otros afirman que deriva de la palabra griega kŷőn, kynós, que significa ‘perro’, una alusión a la vida de estos animales, que sería la misma que predican los cínicos.

De hecho, el símbolo de este grupo era precisamente la imagen de un perro. De todos modos, se origina en el griego Kynismos, pasando por el latín cynismu, y llegando así a nuestros días.

Hoy en día, a través de las desviaciones de significado, este término se refiere a aquellos que están desprovistos de vergüenza y de cualquier sentimiento de generosidad en relación con el dolor del otro. Pero no por casualidad, ya que los cínicos querían liberarse de toda preocupación, incluyendo el sufrimiento de los demás.

Sócrates ya expresó su repudio al exceso de bienes materiales de los que dependía la humanidad para su supervivencia.

Apuntó a la verdadera felicidad, para la cual nada de esto era necesario, ya que estaba conectada a los estados del alma, no a los objetos externos. Más tarde los cínicos comenzaron a predicar precisamente esta forma de vida, en la práctica diaria.

El nombre de Diógenes, su principal defensor, se convirtió prácticamente en sinónimo de esta Escuela. Según antiguas historias, se encontró con Antinas tan pronto como llegó a Atenas, pero no quiso tener ningún discípulo a su lado.

Diógenes, sin embargo, gradualmente lo convenció de lo contrario.

Diógenes radicalizó las propuestas de Antinas, y las ejemplificó en su propia vida, con tal severidad y persistencia que su forma de actuar ha atravesado los siglos, impresionando a los estudiosos de la filosofía.

Se atrevió a romper la visión clásica de los griegos, sustituyéndola por una imagen que pronto se convirtió en un modelo para la primera etapa del Helenismo e incluso para el período del Imperio.

Buscó un hombre que viviera de acuerdo a su ser esencial, sin preocuparse por ninguna convención social, en armonía con su verdadera forma de ser – sólo esta persona sería capaz de lograr la felicidad.

Para este filósofo, la existencia sometida sólo a la teoría, esclava de las elaboraciones intelectuales, sin el ejercicio de la práctica, el ejemplo y la acción, no tenía sentido.

Así, su doctrina fue en la dirección opuesta a la cultura, al conocimiento racional, pues consideraba que las matemáticas, la física, la astronomía, la música y la metafísica -conocimiento sobrevalorado en su época- no tenían ninguna utilidad para el viaje interior del hombre.

Se radicalizó cuando afirmó que la gente debe buscar sus instintos más primarios, es decir, su lado animal, viviendo sin objetivos, sin ninguna falta de residencia o de comodidad material.

Así encontrarían su mayor fin: las virtudes morales. A este estado de desprendimiento lo llamó Autarcia o Autarquía.

Los cínicos, una vez más siguiendo el estilo de Sócrates, no dejaron ningún legado escrito. Lo que se sabe de esta Escuela ha sido narrado por otras personas, generalmente desde un ángulo crítico al cinismo.

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