El accidentalismo es un concepto que tiene aplicaciones en una amplia gama de disciplinas artísticas, teológicas y éticas. En todos los enfoques, se considera que el accidentalismo proporciona espacio para que ocurra lo inesperado y para que las personas se vean involucradas en eventos que parecen estar fuera del alcance ordinario de la comprensión. Esencialmente, el accidentalismo representa un proceso de pensamiento que indica que no todos los eventos o ideas son el resultado de una causa directa. Esto significa que los eventos pueden ocurrir al azar o simplemente por casualidad.

La sugerencia de que Jesús no tenía intención de ser crucificado se presenta como un ejemplo de accidentalismo cristiano.

En cierto modo, el accidentalismo guarda cierta semejanza con la filosofía del tiquismo. En tiquismo, el cambio, o ruxi, se entiende como una parte natural de la creación y es una de las formas en que las leyes naturales se adaptan y evolucionan para abarcar la diversidad dentro del mundo conocido. Sin embargo, el tiquismo como lo expone Charles Sanders Peirce tiende a indicar alguna función intencional del azar dentro del universo. Con el accidentalismo, la función del cambio tiende a ser más aleatoria y puede no ser parte del proceso natural de evolución.

La metafísica tiende a ver el accidentalismo como una alternativa a la idea de que todas las cosas ocurren por una razón. Desde un punto de vista religioso o teológico, el accidentalismo hace referencia al concepto de que no todas las cosas ocurren dentro de la perfecta voluntad de la Deidad. A menudo, la idea de que Jesús no tenía intención de ser crucificado y fue tomado por sorpresa por este giro de los acontecimientos se presenta como un ejemplo de accidentalismo cristiano. En ética, el accidentalismo se utiliza para explicar la ocurrencia de cambios mentales que conducen a acciones que parecen no tener relación con el estado psicológico previo.

Esencialmente, el accidentalismo busca llevar la comprensión a la realidad de que las acciones, eventos e ideas ocurren sin que parezca evolucionar como resultado de algún factor previamente notorio o reconocido. Al alejarse del nexo causal y reconocer que los eventos pueden y a veces parecen tener lugar nada más que por pura casualidad, el concepto intenta proporcionar un nombre para este tipo de eventos fortuitos.