El Acuerdo de Basilea fue creado en 1988, en un evento organizado en la ciudad de Basilea (Suiza). El nombre que se le da a los acuerdos establecidos se debe precisamente a la ubicación.

El principal objetivo de la conferencia celebrada fue, en la ocasión, crear reglas y regulaciones entre las instituciones bancarias de todo el mundo, algo sumamente necesario por los efectos que trae la globalización.

En este año de 1988, por lo tanto, participaron más de 100 países, dispuestos a compartir medidas que regularían los bancos, minimizarían los riesgos crediticios de las instituciones financieras y ayudarían a proteger el sistema bancario mundial.

¿Cuáles son las principales definiciones del Acuerdo de Basilea?

Dentro del Acuerdo de Basilea, los puntos discutidos trajeron algunas normas y reglas que comenzaron a ser seguidas por los bancos de los más diversos países involucrados.

Desde la primera reunión, denominada 1er Acuerdo de Basilea, ha habido dos revisiones. A partir de ahora, comprenderá lo que ha aportado cada cambio al sistema financiero mundial.

Basilea I

Basilea I es el nombre que se le da al 1er Acuerdo de Basilea. Estas reglas, a diferencia de las demás, se definieron al inicio de la reunión, siendo validadas ya en 1988.

La principal determinación fue la creación de un coeficiente de capital mínimo (conocido popularmente como el Índice de Basilea ). Este índice, que veremos con más detalle a continuación, requiere que los bancos mantengan al menos el 8% de todo el capital proporcionado a terceros (en el caso de préstamos e inversiones) en efectivo.

Además, se definió que los bancos deben realizar evaluaciones de los prestatarios de capital, mapeando mejor los riesgos de una operación.

Basilea II

El 1er Acuerdo de Basilea hizo una enorme contribución al sistema financiero mundial, pero presentó un problema con respecto a la evaluación de riesgos. ¿Cómo estandarizar este tema con realidades tan diferentes en todo el planeta?

Para este ajuste se creó el 2º Acuerdo de Basilea (Basilea II). En él, se aceptaba que cada banco tendría autonomía en la definición de riesgos siempre que el Banco Central del país validara los criterios.

De esta manera, las instituciones ganaron libertad sobre sus riesgos mientras se mantenía la transparencia del mercado. El objetivo final siguió el mismo: asegurar la solidez financiera de los bancos y el mercado global.

Basilea III

Más recientemente, en 2008, la gran crisis que acechaba al mercado financiero requirió nuevos ajustes al Acuerdo de Basilea. Claramente había algo mal, después de todo el problema era internacional.

Para aumentar la solidez financiera mundial, se decidió aumentar el rigor de las reservas de efectivo. Si antes era del 8%, ahora este valor debería tener el añadido de un “colchón de conservación” de otro 2,5%. En otras palabras, la reserva debía ser equivalente al 10,5% del capital en riesgo.

El ratio de Basilea

Como ya ha visto, una de las consecuencias del Acuerdo de Basilea fue la creación del Índice de Basilea, una herramienta matemática creada para medir el riesgo de una institución bancaria y comprender su solidez financiera.

Cualquiera sabe, incluso siendo un lego absoluto en finanzas, que los bancos trabajan con dinero. Lo que hacen estas empresas es aprovechar los depósitos de sus clientes para reinvertir este capital en préstamos e inversiones que permitan una rentabilidad aún mayor que la que se paga a los depositantes.

El problema es que estas inversiones tienen riesgos. Un préstamo puede quedar impago, una aplicación puede enfrentar problemas de liquidez, etc. De esta forma, el banco no podría tener dinero para todas sus obligaciones y acabaría quebrando.

Es por eso que el Ratio de Basilea es fundamental para la toma de decisiones de un inversor. Permite el análisis de riesgos de una empresa del sector financiero.

¿Cómo se calcula el coeficiente de Basilea?

La fórmula del coeficiente de Basilea es simple, pero comprenderla es algo complejo. Para encontrar este valor, el Capital de Referencia (suma del capital de nivel I y II de la institución) debe dividirse por los Activos Ponderados por Riesgo (que involucran riesgos de mercado, operativos y crediticios).

La fórmula es la siguiente:

Ratio de Basilea = PR / RWA, donde:

  • PR = Capital de referencia
  • RWA = Activos ponderados por riesgo

Como mencionamos, encontrar estos dos indicadores no es una tarea práctica, especialmente para aquellos que no dominan el análisis financiero. Sin embargo, el propio Banco Central es el responsable de distribuir los resultados periódicamente. Por lo tanto, lo más importante es comprender lo que dice el índice de Basilea a los inversores.

¿Cómo interpretar el resultado del Ratio de Basilea?

En resumen, la fórmula aporta un equilibrio entre la composición del capital de un banco y los riesgos involucrados. Cuanto mayor sea el Ratio de Basilea, mayor será la solidez financiera del banco y, por tanto, más seguro será.

El mínimo recomendado por el Acuerdo de Basilea, como hemos visto, es del 8%. En otras palabras, una institución bancaria con un índice inferior a este representa un alto riesgo para el inversor.

Si opta por utilizar un banco de mayor riesgo, se recomienda que también exija mejores ofertas de rentabilidad de esa institución en relación con la competencia. Esto se debe a que si la promesa de un rendimiento es similar, no vale la pena correr riesgos tan altos.

Por tanto, el Índice de Basilea es una herramienta que ayuda a los inversores a medir situaciones de riesgo y elegir en qué instituciones bancarias se debe colocar el capital.