La agravación del riesgo, en teoría, es utilizada por los aseguradores en los casos en que el asegurado ha agravado el riesgo ya previsto en la póliza . Como resultado de este comportamiento, existe una alta probabilidad de que se excluya la cobertura contractual.

En un contrato de seguro, se acuerda que el asegurador se compromete, en virtud del pago de la prima, a garantizar la protección del asegurado frente a determinados riesgos. Por otro lado, por parte del contratante, la obligación es pagar la prima y no agravar intencionalmente el riesgo del contrato. La sanción por esta agravación es la pérdida del derecho a la garantía.

En ese caso, el asegurador solo será responsable de los riesgos previstos en la póliza. Los que no se encuadran en el contrato o los incluidos expresamente no son de su responsabilidad. Al respecto, cabe destacar que no es ilegal excluir ciertos riesgos de la cobertura, ya que, por ley, deben estar predeterminados.

¿Cómo funciona la agravación del riesgo?

La principal marca de este tipo de contrato, y por tanto la forma en que funciona, es el mutualismo. Esto quiere decir que está en manos de varias personas con intereses comunes que constituyen una reserva económica que brinda seguridad ante el riesgo de un imprevisto.

Por tanto, en el momento de la firma del contrato se establecen tanto la prima a pagar por el asegurador como el riesgo cubierto por el asegurador. Una vez firmado el acuerdo, no es posible realizar cambios en los beneficios.

Cualquier ruptura en el equilibrio entre las prestaciones tiene varias consecuencias, siendo la principal la eliminación del derecho a la cobertura del seguro. Así, si el asegurado agrava los riesgos o, de alguna forma, si su comportamiento es contrario a lo no previsto en el contrato, esta desproporción exime al asegurador del pago previsto en la póliza.

¿Cómo se interpreta la agravación del riesgo en los seguros de vida?

En un contrato de seguro de vida, uno de los riesgos, o quizás el mayor de ellos, es la muerte del asegurado. Así, la función de la cobertura es asegurar que el pago del capital asegurado se realice al beneficiario en caso de fallecimiento del principal asegurado, ya sea por causas naturales o accidentales.

El riesgo, como elemento del contrato, se considera esencial para que exista el interés asegurable. Su concepto puede ser un evento futuro o incierto previsto en el contrato, que probablemente cause daños. Si – y cuando – ocurre este evento, la aseguradora lo llama un reclamo.

En este tipo de seguro, los riesgos cubiertos están predeterminados pero son difíciles de predecir. Por tanto, la actividad del asegurador se basa en la delimitación y conceptualización de los riesgos que el contrato pretende garantizar. Aquí se necesita un poco de atención, ya que, según el Código Civil, el asegurado perderá el derecho a cualquier garantía si se agrava intencionadamente el riesgo objeto del contrato.

¿Por qué es importante comprender el agravamiento del riesgo?

Es muy importante comprender el concepto de agravación del riesgo porque a menudo es difícil trazar una línea entre la agravación en sí y el incumplimiento de las medidas cautelares para que no ocurra. La acción de un asegurado determinado puede presentar ambas situaciones, lo que dificulta aún más la decisión del asegurador y la liberación de la prima.

Al mismo tiempo, los recursos disponibles para el asegurador en ambas situaciones son de diferente alcance. El incumplimiento de las medidas cautelares y la agravación del riesgo son, precisamente, las bases sobre las que los aseguradores pueden hacer la indemnización o las razones por las que se niegan a indemnizar los daños. Cuando un asegurado comprende esto, está mejor preparado para enfrentar esta situación, en caso de que ocurra.