Una interfaz hombre-máquina (HMI) es una interfaz que permite la interacción entre un ser humano y una máquina. Las interfaces hombre-máquina varían ampliamente, desde paneles de control para plantas de energía nuclear hasta la pantalla y los botones de entrada de un teléfono celular. El diseño de tales interfaces es un desafío y requiere mucho trabajo para que la interfaz sea funcional, accesible, agradable de usar y lógica. Algunos ingenieros se especializan en desarrollar interfaces hombre-máquina y cambiar la forma en que las personas interactúan con máquinas y sistemas.

Una interfaz hombre-máquina es una interfaz que permite la interacción entre una persona y una máquina.

Se necesitan dos componentes en una interfaz hombre-máquina. La primera es una entrada. Un usuario humano necesita alguna forma de decirle a la máquina qué hacer, de realizar solicitudes a la máquina o de ajustar la máquina. Ejemplos de dispositivos de entrada incluyen teclados, conmutadores, interruptores, pantallas táctiles, joysticks y ratones. Todos estos dispositivos se pueden utilizar para enviar comandos a un sistema o incluso a un conjunto de sistemas interconectados.

Un ejemplo de salida de interfaz hombre-máquina sería un robot que responde a los comandos de su operador humano.

La interfaz también requiere una salida, que permite a la máquina mantener al usuario humano actualizado sobre el progreso de los comandos o ejecutar comandos en el espacio físico. En una computadora, por ejemplo, los usuarios tienen una pantalla que puede mostrar información. Un robot, por otro lado, puede moverse en respuesta a comandos y almacenar datos en un disco duro para que las personas puedan ver cómo responde, aprende y navega por el mundo. Las salidas también pueden incluir cosas tan simples como luces de estado que alertan a las personas cuando se activan conmutadores o conmutadores.

Un joystick es un tipo de dispositivo de entrada que se utiliza con una interfaz hombre-máquina.

La tecnología detrás de la interfaz hombre-máquina mejora constantemente. Los investigadores han desarrollado interfaces que pueden controlarse con la mente, por ejemplo, viendo aplicaciones de esta tecnología entre pacientes con accidente cerebrovascular y otras personas con modos de comunicación muy restringidos. Asimismo, los productos se han vuelto mucho más sofisticados con el tiempo.

Como han notado muchas personas, una interfaz hombre-máquina mal diseñada puede ser extremadamente frustrante. En un extremo de la escala, la interfaz puede tener errores o no funcionar, lo que causa dificultades porque no funciona como se esperaba. En el otro extremo de la escala, la interfaz funciona, pero está diseñada de tal manera que es confusa y desafiante de operar porque no es intuitiva para los usuarios. El arte de diseñar interfaces intuitivas requiere una comprensión profunda de cómo los humanos interactúan con su entorno y una conciencia de la psicología del diseño de interfaces de una manera que sea accesible para un amplio espectro de humanos. Lo que funciona para un ingeniero en una interfaz hombre-máquina, por ejemplo, podría no ser tan fácil para un miembro del público en general.

Los movimientos del Canadarm, un tipo de brazo robótico comúnmente utilizado en misiones espaciales, son controlados por sus operadores.